Los Mártires de Chicago y el 1° de mayo. Una jornada internacional y de lucha de la clase obrera

Por Emilio Poliak

En 1890, convocada por la Segunda Internacional, se conmemoró por primera vez esta fecha a nivel internacional. Su origen está ligado a la pelea por la jornada laboral de ocho horas y a los sucesos de 1886 en EEUU que culminaron con el ahorcamiento de los Mártires de Chicago.

Durante el siglo XIX, al tiempo que el capitalismo se desarrollaba y extendía a nivel mundial, la clase trabajadora acrecentaba sus filas y sus combates contra la burguesía. En un contexto de súper explotación y jornadas de trabajo que se extendían más allá de las 12 horas diarias, el reclamo por la jornada laboral de ocho horas se transformó en una de las principales reivindicaciones de trabajadores y trabajadoras en distintos países del mundo y en un centro de sus peleas.

El primero de mayo de 1886 en EEUU

En Norteamérica, los primeros reclamos por la jornada de ocho horas datan de la década del 30. En varios estados de la Unión se lograron leyes en ese sentido, aunque siempre eran acompañadas por cláusulas de excepción que permitían extenderlas, por lo que en los hechos terminaba siendo letra muerta. En la década del 80, la agitación por la reducción de la jornada laboral cobró un nuevo impulso. La masiva desocupación causada por la depresión de 1884-1885 encontraba en este reclamo una salida para combatir el desempleo. En octubre de 1884, durante el cuarto congreso de la Federación de Gremios y Uniones Organizados -antecesora de la American Federation of Labor (AFL)- se aprobó una resolución que decía «la duración legal de la jornada de trabajo desde el 1 de mayo de 1886 será de 8 horas» y para ello recomendaba a las organizaciones obreras que trataran de «hacer promulgar leyes de acuerdo a esta resolución a partir de la fecha establecida.»


Al llegar el 1 de mayo de 1886 unos 200 mil trabajadores se sumaron a la huelga. Se calcula además, que cerca de 150 mil obtuvieron la disminución de la jornada sólo con la amenaza del paro. A fin de ese año, la reducción ya alcanzaba a más de 250 mil trabajadores. La jornada, por supuesto, no estuvo exenta de enfrentamientos con la policía en muchas ciudades.

Los hechos de Chicago

En esta ciudad, uno de los centros industriales más importantes, las manifestaciones transcurrieron sin incidentes, pero la burguesía respondió con un lock out, por lo que las movilizaciones no cesaron. El 3 de mayo, durante una concentración en las puertas de la fábrica McCormick (donde se habían producido despidos), un sector de los manifestantes se enfrentó a los carneros y a la seguridad privada de la empresa. La policía intervino en favor de estos últimos abriendo fuego contra los manifestantes, provocando 6 muertos y más de 50 heridos. En respuesta, grupos anarquistas convocaron una concentración para el día siguiente en Haymarket Square que contaba con la autorización del propio alcalde para su realización y del que participaron unas tres mil personas. Cuando el acto finalizaba, la policía intentó disolver la concentración. Una bomba voló entonces hacia los oficiales provocando la muerte de un policía y dejando varios heridos. El gobierno declaró el Estado de Sitio y el toque de queda desatando una feroz represión en la que cientos de obreros y dirigentes fueron detenidos y torturados.

La farsa judicial

A pedir de la prensa burguesa, que reclamaba un juicio sumario, el juez Joseph Gary y el fiscal de Estado Grinnell hicieron recaer la acusación, sin ninguna prueba, contra los principales dirigentes del movimiento: Michael Schwab, Louis Lingg, Adolph Fisher, Samuel Fielden, Albert Parsons, Auguste Spies, Oscar Neebe y George Engel.

Las anomalías del proceso se configuraron desde el inicio. La elección del jurado se hizo a través de un alguacil nombrado para tal fin por el fiscal, y fue tan digitada que entre el jurado había familiares de los policías heridos por la bomba. Los testigos de la fiscalía, como se demostraría, fueron pagados por la propia policía. Incluso así, nunca pudo probarse que alguno de los acusados estuviese relacionado con la bomba. El objetivo de la farsa estaba claro, se trataba de condenar a los principales dirigentes del movimiento para intentar descabezarlo y sentar un precedente para el conjunto del a clase obrera. Nada lo demuestra mejor que el alegato final del fiscal Grinnell: «La ley está bajo proceso. La anarquía está bajo proceso. Estos hombres han sido seleccionados por el Grand Jury y enjuiciados porque fueron líderes. No fueron más culpables que los millares de sus adeptos. Señores del jurado: ¡declarad culpables a estos hombres, haced escarmiento con ellos, ahorcadles y salvaréis nuestras instituciones, a nuestra sociedad.»

Finalmente, cinco de los acusados fueron condenados a muerte, dos a reclusión perpetua y el restante a 15 años de prisión. Antes de la fecha de la ejecución, Lingg fue asesinado dentro de la penitenciaría con un cartucho de dinamita, haciéndolo pasar por un suicidio. El 11 de noviembre, Engel, Spies, Parsons y Fisher fueron llevados a la horca.

El carácter internacional del 1° de mayo

Con el descabezamiento del movimiento obrero y la división producida en su seno, la burguesía no tardó en liquidar la jornada de ocho horas. La lucha seguiría siendo una tarea pendiente para la clase trabajadora.

El 14 de julio de 1889 se reunió en París un congreso de organizaciones obreras y socialistas, prólogo de la fundación de la Segunda Internacional. El mismo finalizaría una semana después votando una resolución que decía: «Se organizará una gran manifestación en fecha fija de tal manera que simultáneamente, en todos los países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabajadores pedirán a las autoridades oficiales la reducción, mediante una ley de la jornada de trabajo a ocho horas y que se lleven a efecto las demás resoluciones del congreso de París. En vista de que una manifestación análoga ha sido ya aprobada para el primero de mayo de 1990 por la Federación Norteamericana del Trabajo en su congreso celebrado en San Luis en diciembre de 1988, se adopta esa fecha para la manifestación internacional. Los trabajadores de los distintos países realizarán la manifestación en las condiciones que les sean impuestas por la situación especial de cada país.»

Se trataba por primera vez de un llamamiento a una acción concreta de la clase obrera a nivel internacional contra la burguesía y por las reivindicaciones del movimiento obrero. La jornada se llevó adelante en varios países con diferentes niveles de movilización. En Francia hubo cerca de 300 mil personas en más de 100 ciudades y huelgas en varios sectores. En los países más industrializados de Europa y en EEUU las manifestaciones fueron importantes. En el resto del mundo fue desigual, debido a los distintos niveles de organización de la clase obrera y su vanguardia.

Ese mismo día, Engels escribía el prefacio a una nueva edición del Manifiesto Comunista en el que decía: «(La Internacional) está más viva que nunca y de ello no hay mejor testimonio que la jornada de hoy. En el momento que escribo estas líneas el proletariado europeo y americano pasa revista a sus fuerzas militantes movilizadas, y es la movilización de un ejército único que marcha bajo una bandera también única y tiene un objetivo próximo: la fijación por la ley de la jornada normal de ocho horas reivindicada ya por el Congreso obrero de París en 1889. El espectáculo a que asistirán hoy hará ver a los capitalistas y a los terratenientes de todos los países que en efecto los proletarios de todos los países están unidos.»

Día internacional de lucha de la clase obrera

A pesar de las desigualdades, en muchos países hubo acciones, y lo más importante es que nacía una fecha que pasaría a formar parte de la tradición colectiva de la clase obrera. Con el correr de los años, tanto la burguesía como las organizaciones burocráticas y reformistas del movimiento obrero han intentado despojar esta fecha de su contenido de lucha, internacional y de clase, sumándolo a calendarios oficiales como «fiesta o día del trabajo». En general ha sido la izquierda revolucionaria la que ha conservado la tradición original del primero de mayo. Con la crisis capitalista actual, la lucha de clases entre los trabajadores y la burguesía, así como el carácter internacional de esta pelea se hace más visible para amplios sectores del movimiento de masas. Más que nunca levantamos la memoria de los Mártires de Chicago impulsando en esta fecha, y en nuestras peleas cotidianas, la pelea por terminar con este sistema de explotación y opresión en todo el planeta.