Apuntes sobre las elecciones del 21N. Polarización, reordenamientos y las tareas para el presente

Por Movimiento Anticapitalista

El domingo 21N se desarrollaron las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales, expresándose la polarización social y los nuevos reordenamientos del régimen, no exentos de crisis y límites. El ultraderechista Kast encabezó la primera mayoría y pasó a segunda vuelta junto a Gabriel Boric del conglomerado del FA-PC. Aportamos nuestra mirada al desarrollo electoral que se desplegó a dos años de la rebelión, con un proceso constituyente en marcha y una profundización de la crisis económica.

Unas elecciones polarizadas y de reordenamientos

Con un 27,91% el candidato del Frente Social Cristiano, José Antonio Kast, se sobrepuso a Gabriel Boric de Apruebo Dignidad quien obtuvo un 25,83%, sólo un 2,08% de distancia entre ambos, transformando esta elección en la más estrecha en 20 años. Otro dato que expresa el cambio político que atraviesa el país es que por primera vez, luego del fin de la dictadura, los tres primeros lugares los obtuvieron referentes por fuera de los partidos tradicionales de los últimos 30 años.

El centro político representado en la ex Concertación (ahora llamado Nuevo Pacto Social) sufrió un retroceso significativo a nivel parlamentario, mientras que la carta presidencial, la DC Yasna Provoste, se ubicó quinta con el 11,61%, siendo uno de los sectores más golpeado por la polarización y a la búsqueda por fuera de los viejos aparatos.

En ese sentido, la coalición de gobierno que se presentó bajo el nombre de Chile Podemos Más manifestó la debacle de la derecha post dictadura, recayendo una fuerte crisis previo a la elección que desmoronó la carta presidencial de Sebastián Sichel, incluso él mismo dejó en libertad de acción a su sector para afrontar las elecciones, entre otras cosas por ser el rostro de la “continuidad” de Piñera, mientras que sus nexos políticos empresariales causaron choques en las encuestas y por otro lado debido a la emergencia del candidato ultra derechista Kast, quien empujó la última pieza para desarticular a la derecha gobernante en crisis. Sebastián Sichel con tan sólo 12,79% quedó relegado al cuarto lugar, si bien en parlamentarias se impusieron en senatorial perdieron a “rostros” emblemáticos del cargo y no logran mayoría.

Catalogado como “sorpresa” el tercer lugar ubicó al empresario ultra liberal Franco Parisi, que con un discurso antipolítico y basado en el emprendimiento individual logró con una fuerte campaña de redes sociales imponerse con 12,80%. Parisi, quien desde EEUU y sin pisar el país, ya que adeuda la pensión de alimentos, teme consecuencias legales en un posible retorno a Chile. Su candidatura resultó como la novedad “outsider” de las elecciones, constituyéndose como un fenómeno de votantes que buscan otras opciones en medio del desfonde del sistema de partidos tradicional.

Más atrás quedó Marco Enríquez Ominami en su cuarta postulación a la presidencia con un 7,61% y en último lugar se situó Eduardo Artés, un declarado stalinista que defiende el modelo chino y Corea del Norte con un solo 1,47%, expresando que su discurso no logró empalmar con un sector de izquierda, ni tampoco con el espíritu de la revuelta más allá de la polarización de los dos primeros lugares.

El panorama parlamentario marcó el dato positivo de la entrada de Fabiola Campillai como símbolo de la rebelión, trabajadora y víctima de la violencia estatal durante el estallido, quien se presentó de forma independiente y alcanzó la primera mayoría de la Región Metropolitana. A esa buena elección, se le suma los importantes votos de luchadores sociales que a través de Dignidad Ahora se presentaron, más allá que por sistema electoral no entrarán al Congreso, como el caso de Matías Toledo en el distrito 12.

El Partido Comunista logró dos senadores, luego de 50 años consiguió entrar nuevamente en la cámara alta y consiguió 11 escaños en diputados, aumentando al igual que el Frente Amplio su bancada. El Partido de la Gente (Parisi) logró 6 escaños en diputados. Ningún futuro gobierno tendrá mayoría en el Congreso.

La ultraderecha, Boric y los síntomas sociales

Los diálogos y debates posteriores al 21 de noviembre generan una importante preocupación sobre el avance de Kast, aprovechado por el malmenorismo de potenciar una figura sin ver el panorama más global que parte por situar las elecciones dentro del síntoma de polarización social como denominador de la situación, un hecho que tiende a anular el centro político y apunta a las tendencias de polos, siendo Kast quien cultivó un discurso contra un falso enemigo que desestabiliza el país, apuntando a la migración y el conflicto Mapuche como motorizantes de las consecuencias sociales derivados de la crisis económica. Así mismo, apuntaló a su principal contrincante como un supuesto “comunista” que defiende el narcotráfico, una vez más, apuntando a polarizar en función de empalmar con un sentimiento generalizado de incertidumbre en medio de la precarización.

Por su parte, Gabriel Boric de Apruebo Dignidad (FA-PC), se fue constituyendo como gestor de la “estabilidad del capital” posterior a la rebelión, por lo tanto, impulsando un programa que toma ciertas reivindicaciones, aunque adaptándolas acorde a la gobernabilidad de un régimen en crisis, alejándose de los impulsos del estallido y conformando un lenguaje de cambios a medida de lo posible. Esa deriva, por más que el contrincante lo catalogue de “comunista”, lo ha ido alejando de los sectores populares y rurales del país. En los resultados se expresa que en las grandes urbes logró una relativa mayoría, mientras que en los lugares que se cultivan problemas como la migración quedó relegado en un tercer lugar, en el caso del norte de Chile. Analistas propios de su sector hacen un balance que el discurso de Boric buscó a los sectores medios y al votante del centro político, un hecho que fue mermando en el último trayecto su actuación pública, ya que no estuvo a tono con las problemáticas económicas que hoy afronta el país. Un problema central, es que posterior a las elecciones ratifica dicho camino, amplificando una crítica a los sectores más de “izquierda”, así mismo activando definiciones sobre la migración, narcotráfico y violencia, un intento de hacerse cargo del relato derechizado de Kast e ir a buscar a los desencantados que optaron por Parisi, es decir, en vez de enfrentar a la ultraderecha por izquierda, por ahora a terminado consensuando aún más su discurso en post de ganar electorado del centro.


Te puede interesar: Ante las elecciones del 21N. Nuestra posición


La dinámica electoral, la polarización social y el desfonde de los partidos tradicionales es un antecedente en la emergencia del ultraderechista de Kast, quien, a su vez, deberá generar un nuevo consenso en la derecha en crisis enfrentando las disputas internas para comandar el bloque y además, suma la problemática de llevar a fondo su programa anti mujeres, anti LGBTIQ+ y anti trabajadorxs en un contexto de crisis global del capital y luego de la experiencia de la lucha callejera del 18 de octubre del 2019 y de la inmensa ola feminista que recorre el país. Es decir, su posible gobierno de ajuste y represión encontrará resistencias, sus homólogos del mundo como Bolsonaro o Trump ya demostraron sus límites, el rol de la izquierda será central para definir su rumbo.

El mapa electoral no se agota en Kast, una muestra es que una mujer trabajadora y luchadora contra la impunidad del gobierno criminal de Piñera, como Fabiola Campillai, entró al Senado con la primera mayoría, mientras otros espacios de izquierda tuvieron destacada participación. Este hecho es importante en el análisis y en lo que vendrá, la tarea principal junto con derrotar a la ultraderecha, es construir alternativa política de izquierda y anticapitalista para que las reservas del estallido no se diluyan y no termine en espacio libre para las variantes protofascistas.

Un balance de la historia reciente es el rol liquidacionista de la Lista del Pueblo, el incipiente espacio que surgió como referencia de la revuelta y que por sus lógicas apartidistas y despolitizadas de un grupúsculo burocrático dinamitó la posibilidad de que se siguieran expresando políticamente elecciones como la vividas para la Convención Constitucional, en dónde la derecha sufrió un duro golpe y entraron nuevas voces a disputar de forma independiente. Sin igualar y con la pertinente distancia, la irrupción de Parisi y el Partido de la Gente logró de forma distorsionada canalizar el sentimiento anti casta política que recorre ampliamente el país.

El curso del estallido, cambio constitucional y las viejas y nuevas direcciones

El exitoso modelo económico y social que difundía la burguesía latinoamericana sobre el capitalismo neoliberal chileno se implementó a partir de la derrota histórica contra la clase obrera producto de la dictadura de Pinochet y que posteriormente fue consolidada con la transición a la democracia pactada, constituyendo un fuerte régimen político bipartidista y de una democracia protegida que gestionó la completa mercantilización de la reproducción de la vida. Aquella estructura dinamitó el 18 de octubre del 2019 bajo el lema “no son 30 pesos, son 30 años” para descifrar a ojos de las masas problemas económicos y políticos y así mismo, apuntar a los representantes de los años de democracia como los responsables. Las dos consignas centrales fueron el fuera Piñera y una nueva constitución para desmantelar la herencia de Pinochet, es decir, problematizando el poder e infundiendo necesidades de transformaciones estructurales.

El proceso compartía la tónica continental y de los estallidos sociales de fines del 2019, en tanto Chile marcaba una característica superior por la estabilidad del régimen político y económico producto de la liberalización total del modelo amparada en un control represivo, ese salto cualitativo a nivel local, de país, significó un cambio de etapa que abrió un momento pre-revolucionario, definición en base a que objetivamente se plantean contenido anticapitalista, aunque la ausencia de una dirección revolucionaria con peso de masas fue su principal debilidad que no permitió un mayor desarrollo, aunque nos dejó en mejores condiciones para la construcción del factor subjetivo, el partido.


Te puede interesar: Por un plan económico al servicio de las mayorías


La potencia de las calles tenía un claro signo de masividad, radicalidad y autoorganización, aunque también expresó la debilidad de la izquierda y de la clase obrera como sujeto organizado, principal hecho que aportó de forma negativa para posibilitar la salida pactada a la crisis (aún con muchas contradicciones) y salvaguardar la gobernabilidad de un desgastado capital y de un modelo con sobrevida. Los sectores reformistas como el PC, que dirigen la principal central sindical del país, la CUT, aportaron a desarticular la continuidad de la huelga, mientras el Frente Amplio adhirió directamente al Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución para salvar a Piñera, garantizar la impunidad de las violaciones de DDHH (centenares de mutilados, decenas de muertes, prisión política hasta la actualidad y violencia político sexual a manos de los aparatos represivos) y reglamentar el cambio constitucional en estrechos márgenes (respeto al poder constituido y reglamentación en base a quórum supra mayoritarios para otorgar el peso de veto a la minoría de derecha). Con esa demostración, el FA se intenta postula como recambio para la burguesía. La dinámica descrita es la que constituye el eje central de la política de reconfiguración del régimen en el país, mientras actúa una alta polarización social y se acentúa la crisis económica tras la entrada de la pandemia, en simultáneo que no se logra cerrar el extenso escenario de crisis políticas en los principales conglomerados que gobernaron “los 30 años” posterior a la dictadura, el mapa político pos elecciones da cuenta de problemas que sigue enfrentando el régimen y los limites del reordenamiento.

El Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución fue un intento del régimen por intentar canalizar vía institucional la rebelión y de esa forma hacerse cargo de la demanda por el cambio constitucional. A su vez, el propio calendario electoral asociado al proceso expresó la envergadura de la nueva etapa: la votación del “sí a una nueva constitución” con el 80% de aprobación y acompañamiento de movilización y posteriormente con la irrupción del fenómeno independiente y de la izquierda anticapitalista en las elecciones para convencionales como hitos que profundizaron la crisis política.

Luego de las elecciones para la CC escribíamos: “Si el golpe a la derecha y la ex concertación[ii] son las expresiones más destacadas “por la negativa” de la elección, la irrupción de una gran cantidad de constituyentes independientes es sin duda la expresión “por la positiva”, sumando a este punto la importante votación a candidatas mujeres impulsadas por la potente marea feminista, lo que implicó que la “corrección de género” se aplicara a favor de los hombres, un verdadero contrasentido”[iii]. 

Sin un contrapeso real en la estructura de la clase obrera y sin un organismo que contrapesara las presiones internas de la institucionalidad burguesa, el espectro independiente quedó diluido y eso ayudó a que el Frente Amplio se perfilara como el principal actor de la Convención Constitucional, actuando como un eje transversal entre la vieja concertación y la minoría de la derecha, articulándose de esa forma como la nueva dirección capaz de contener los ánimos de cambios para prevalecer los intereses actuales del régimen político. 

El FA se transformó en el sostén de la gobernabilidad y así se intenta postular como carta para el próximo gobierno, aunque por la fuerte polarización social el tono conciliador logró habilitar un mayor espacio al discurso de Kast, un hecho que de no rectificarse en el corto periodo a nivel electoral tomará presencia la posibilidad más concreta del gobierno del ultraderechista.

Derrotar a la ultraderecha con organización de izquierda y anticapitalista 

Es evidente que una primera tarea es vencer al ultraderechista Kast, que lejos de cerrar el ciclo y abrir paso a una “derechización social” como plantean los posibilistas, es parte del síntoma social que estamos atravesando, es por eso que contrario a la estrategia del Frente Amplio de ampliar su oferta electoral al tono de las directrices de Kast y ofrecer reglamentar la migración, más carabineros y enfrentar el narcotráfico para ir en busca del voto de “centro”, es fundamental activar una política ofensiva de la izquierda anticapitalista, movimientos sociales y el sindicalismo combativo de forma unitariamente, organizando acciones concreta a nivel callejero e incentivando los diálogos para poner en pie la referencia política que hace falta como reserva de la experiencia de la rebelión, sin medias tintas y con un programa consecuente para enfrentar la crisis económica que el futuro gobierno intentará descargar con mayor profundidad en las espaldas de la clase trabajadora, la naturaleza, la juventud, las mujeres y las disidencias. Es por eso que es necesario llamar rápidamente a una reunión de todas las fuerzas y constituir una coordinación amplia y permanente para frenar a Kast. Sabemos lo que impulsa y vocifera el candidato ultraderechista: contra la vida de las mujeres, los derechos de las disidencias, la protección de la naturaleza y contra las mayorías que vivimos de nuestro trabajo. Así como el movimiento feminista y las fuerzas que luchan por los derechos de la disidencias y el respeto de los bienes comunes le han hecho frente a Bolsonaro, así como el Black Live Matters se encendió contra Trump y en general, como las rebeliones surgen contra a todos los gobiernos de ultra derecha, sostenemos que en nuestro país debe ser la fuerza de la ola feminista y la izquierda anticapitalista la que pase a primera fila e inunde las calles contra el atentado que significa para nosotres el discurso protofascista de Kast  y poner en pie una salida por izquierda,  feminista, clasista y antifascista. Esa es nuestra primera tarea.

Como Movimiento Anticapitalista nos disponemos a estas tareas y haremos lo posible para frenar a la ultraderecha, votando por el candidato de Apruebo Dignidad, aunque no depositamos ninguna confianza por el rol negativo que juega para frenar los cambios necesarios y por su constante consecuencia de promotor del Acuerdo por la Paz y por consecuencia, ayudando a la emergencia del candidato del rechazo, es por eso que sabemos que es un voto crítico y profundamente anti Kast, lo fundamental será el papel activo de las fuerzas transformadoras que de forma unitaria activemos en construir una alternativa desde y para el 99%. La primera demostración será la marcha contra la violencia machista el día 25 de noviembre, momento central para demostrar que las fuerzas feministas y de izquierda siguen impulsando lucha contra toda variante nostálgica del pinochetismo y conservadores, hagamos fuerte la movilización. 

Con estas perspectivas te invitamos a organizarte: a los protofascistas se les combate con anticapitalismo, feminismo revolucionario, ecosocialismo e internacionalismo. Esa es nuestra hoja de ruta como organización. Hazte parte y súmate a militar en el Movimiento Anticapitalista, no le demos espacios a los pinochetistas ni a quienes pactan con ellos.


[i] Chile Despertó (Diciembre, 2019), Revista Revolución Permanente Nº2. En: https://lis-isl.org/2019/12/01/chile-desperto/

[ii] Concertación: coalición política del Partido Socialista, Democracia Cristian, Partido Radical y otros, que gobernó 20 años luego del retorno a la democracia, posteriormente pasó a llamarse Nueva Mayoría con el segundo gobierno de Bachelet que incluyó al Partido Comunista.

[iii] Es posible liquidar el régimen de los “30 años” (Mayo, 2021). En: http://anticapitalistas.cl/2021/05/19/es-posible-liquidar-el-regimen-de-los-30-anos/

[iv] Crisis de la Lista del Pueblo. Nuestra mirada a los debates y desafíos (Agosto, 2021). En: http://anticapitalistas.cl/2021/08/18/crisis-de-la-lista-del-pueblo-nuestra-mirada-a-los-debates-y-desafios/