Impunidad con rostro de Pinochet: Santelicies de ministra

Por Francisca Barbosa, artículo publicado en Alternativa Anticapitalista nº 3

Luego de 53 días de la renuncia de Plá, Piñera nombró a una nueva militante UDI para encabezar el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género. Santelices fue recibida por los feminismos con la consigna #notenemosministra que rápidamente se convirtió en viral y varias organizaciones se sumaron a la exigencia de su revocación inmediata al ser una conocida defensora de la dictadura. En este contexto vale preguntarse ¿Acaso es la única defensora del legado pinochetista en el gobierno -o incluso- en toda la casta política? Y ¿Podría Piñera haber puesto alguien que nos diera alguna garantía a las mujeres? ¿Tuvimos alguna vez ministra?

Ministra nostálgica de la dictadura

La nueva ministra del SERNAMEG asume el cargo en un momento crítico para la vida de las mujeres de la clase trabajadora: la cesantía aumenta, la crisis de cuidados estalla y la violencia contra los cuerpos feminizados crece proporcionalmente al desarrollo de la pandemia. Todo lo anterior se sitúa en un escenario de proceso de rebelión abierto desde octubre donde la movilización popular impugnó el legado pinochetista de nuestro modelo y con eso, las bases mismas del capitalismo. En todo este proceso, el movimiento feminista ha jugado y juega un rol central.

En este contexto, Piñera designó a una mujer con un polémico historial. La nueva ministra es públicamente xénofoba y racista, defensora del “rechazo”, su familia está ligada al saqueo del agua en Petorca y además de ser sobrina nieta de Pinochet, defiende su legado abierta y acérrimamente. Santelices es una nostálgica de la dictadura que ha incluso criticado a Piñera declarando que «cuando vino el estallido social todos esperábamos de él más carácter y más compromiso con las Fuerzas Armadas, con el orden y con Carabineros». Agregando que si hubiese habido más día de Estado de Sitio, esto habría contribuido a “mantener el orden”.[1]

Negacionismo y DDHH

Este nombramiento es otra muestra más del carácter autoritario del gobierno y su política de relativización de los DDHH. Esta relativización es abiertamente negacionista porque en el intento de siempre acotar nuestros derechos e intentar someterlos al cumplimiento de deberes, se niegan la obligación incondicional de protección y garantía que tiene el Estado y su caracterización como un ente que, al monopolizar la violencia, la ejerce contra el mismo pueblo soberano que supuestamente lo legitimaría. Sabemos por experiencia propia que ese “pueblo soberano” atropellado en sus derechos humanos y víctima de la violencia estatal es la clase trabajadora.

La política de este gobierno es negacionista también, porque el no condenar las violaciones a los derechos humanos producto de esta concepción oportunista y degenerada de la derecha, se traduce en impunidad. Impunidad para los mismos violadores y para personas como Santelices, que hoy tienen la libertad de negar nuestra memoria histórica y todas las luchas por rescatarla. Como si las mujeres chilenas no hubiesen sido torturadas y asesinadas en los tiempos que ella tanto añora.

Santelices como provocación, pero el problema es más complejo

Queda claro que la decisión de poner a Santelices de ministra es un arrogante y violento mensaje para las feministas, pero el problema es un poco más complejo. Supongamos que Piñera hubiese designado a una profesional con una vasta experiencia en género, sin vínculos directos con el pinochetismo ni declaraciones polémicas ¿podría ser esa mujer una ministra de nuestra confianza? Es urgente que el Estado cumpla con compromisos mínimos en materia de género y DDHH, eso está claro. Pero ¿puede la institucionalidad burguesa hacerse cargo de la doble explotación de las mujeres trabajadoras? ¿O de los accesos a una educación, salud y vivienda digna para todas? ¿Puede el Estado que violenta a una clase y beneficia a otra ofrecer soluciones a las mujeres de esa clase que violenta? ¿A las presas, a las trabajadoras sexuales, a las lesbianas y trans, a las migrantes, a las pobladoras?

El problema no es tanto quien ocupa el cargo, sino bajo qué condiciones podemos lograr la efectiva conquista de nuestras demandas, como demandas de clase, en clave combativa. Hoy más que nunca es necesario un feminismo anticapitalista que construya alternativa para responder a las necesidades inmediatas de las trabajadoras, pero con el horizonte puesto en el derrocamiento de las instituciones burguesas para instalar las nuestras propias.


[1] Programa “A Fondo” del medio Quintavisión.

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